Capítulo 84
Hay gentes incapaces de apreciar la grandeza mental de los antiguos, aun en lo referente a las ciencias físicas, por más que se les demuestre con toda evidencia su profundo saber y admirables descubrimientos. A pesar de que la experiencia de insospechados inventos les debiera haber hecho más cautos, persisten en negar y, lo que todavía es peor, en ridiculizar cuanto no pueden probar. Así, por ejemplo, se burlarán de la eficacia de los talismanes y no sólo les parecerá incomprensible que los siete Espíritus del apocalipsis simbolicen las siete ocultas potestades de la naturaleza, sino que se reirán convulsivamente si algún mago promete obrar prodigios mediante ciertos ritos cabalísticos. No conciben que nadie dotado de buen juicio atribuya secretas virtudes a una figura geométrica trazada en un papel o grabada en un pedazo de metal u otra materia. Pero quienes se tomaron el trabajo de informarse de estos particulares saben que los antiguos llevaron a cabo notables descubrimientos en ciencias psíquicas y físicas, dejando poco por descubrir en sus investigaciones.
SIMBOLISMO ANTIGUO
Por nuestra parte, cuando vemos que el pentáculo sintetiza una profunda verdad de la naturaleza, nos parece tan apropiada representación como en su caso las figuras de Euclides o las notaciones químicas. El profano tendrá por abnsurdo que la fórmula Na 2 CO, simbolice el carbonato sódico y la C2 H6 O el alcohol. Los alquimistas simbolizaban el Azoth o principio creador de la naturaleza (luz astral en la figura que abarca tres conceptos: 1.º, la hipótesis divina; 2.º, la síntesis filosófica; 3.º, la síntesis física; lo que tanto vale: una creencia, una idea y una fuerza. Pero si este símbolo les parece estrambótico a los científicos, en cambio tienen por muy natural que la química moderna exprese, por ejemplo, la reacción del ácido fosforoso con el nitrato argéntico, en la fórmula siguiente:
PhO3H2 + 2NO3Ag + H2O = PhO4H3 + 2NO3H + Ag2.
Si al profano se le puede dispensar que se quede con la boca abierta ante este abracadabra químico, bien valdría que los científicos reprimiesen la risa hasta conocer el significado filosófico del simbolismo antiguo. aL menos habrían de evitar la ridiculez en que incurrió De Mirville al confundir el Azoth de ls herméticos con el ázoe de los químicos, diciendo muy formalmente que aquéllos adoraban al gas nitrógeno (1) .
Si ponemos un trozo de acero en contacto con un imán natural quedará imanado de modo que sin alteración de peso ni mudanza de aspecto comunique la imanación a otro pedazo de acero, porque en su masa habrá penetrado una de las más sutiles fuerzas de la naturaleza. De la propia suerte un talismán, que intrínsecamente es tan sólo un trozo de metal, un pedazo de papel o un fragmento de cualquier otra materia, recibe la influencia del imán superior a todos los imanes, de la voluntad humana, con energía para el bien o para el mal de tan reales efectos como la propiedad adquirida por el acero en su contactocon el imán natural. Dejad que el sabueso olfatee una prenda de ropa perteneciente a un fugado y seguirá su rastro a través de las quebraduras del terreno hasta descubrirle en el paraje donde se oculte. Dad al psicómetra un manuscrito por antiguo que sea y os describirá el carácter del autor y aun tal vez sus rasgos fisonómicos. Entregad al clarividente un rizo de pelo o cualquier objeto de la persona de quien se deseen informes, y podrá por virtud de la simpatía establecida seguir las huellas del ausente durante toda su vida.
Saben los ganaderos que las reses jóvenes no deben juntarse con las viejas y los médicos expertos prohiben a los padres dormir con sus hijos. Cuando David era de edad provecta y se hallaba extenuado y débil, cobró nuevas fuerzas por el vigor de la doncella Abigail que compartía su lecho. La difunta emperatriz de Rusia, hermana de Guillermo I de Alemania, quedó tan débil en los últimos años de su vida que los médicos le aconsejaron formalmente que durmiese con una sana y robusta campesina. Según el doctor Kerner, la señora Hauffe, la vidente de Prevost, aseguraba que vivía gracias a las emanaciones magnéticas de las personas que la rodeaban. Esta vidente era sin duda un vampiro magnético que absorbía la vitalidad de cuantos eran lo suficientemente robustos para cedérsela en forma de sangre volatilizada. Kerner afirma que la sola presencia de la vidente de Prevost, avivaba las emanaciones magnéticas de los circunstantes, quienes se resentían de la pérdida de fuerzas.
Estos ejemplos de la transmisión fluídica de una a otra persona o a los objetos tocados por ellas, facilitan la comprensión de que concentrando la voluntad en un objeto adquiera éste potencia benéfica o maligna, según el propósito del concentrador.